29 abril 2010

Esperan mellizos gracias a un innovador tratamiento médico

Por Selva Florencia Manzur

Gracias a un innovador tratamiento que permite diferenciar los espermatozoides saludables de los que no lo son, una pareja mendocina tendrá mellizos luego de intentar durante 14 años un embarazo. El método aún está en su etapa experimental y fue realizado, por primera vez, en la provincia en la Clínica de Cuyo.

Claudia (38) y Gabriel Quintana (42) están juntos desde hace 15 años y poco tiempo después de casarse empezaron a buscar un bebé. Tras varios intentos fallidos, su médico ginecólogo les recomendó que acudieran a un centro de fertilización.

“Me hice muchos estudios y tratamientos ginecológicos para quedar embarazada, pero por muchas circunstancias, principalmente económicas, nunca nos decidimos a hacer un tratamiento de fertilidad hasta el año pasado”, contó Claudia a Diario UNO.

En junio de 2009 la pareja acudió a la Clínica de Cuyo y se abrió una luz de esperanza para acceder al anhelo que tantas veces les había sido negado.

“Cuando empezamos a estudiar el caso, ella tenía problemas complejos y hubo que operarla de pólipos y fibromas, pero el más complicado era él”, indicó el médico especialista en medicina reproductiva Luciano Sabatini.

Gabriel tenía su función reproductiva alterada, por lo que se lo sometió a un test de Tunnel, que dio como resultado una importante alteración en el ADN.

Según estudios, se calcula que 15% de las parejas no puede concebir después de un año de intentar un embarazo y que el 40% de esos casos de infertilidad se debe a un factor masculino. Hasta hace poco tiempo a estas parejas se les hacía un tratamiento de fertilización de alta complejidad que consiste en la inyección intracitoplasmática de un espermatozoide (ICSI) mediante la cual se elige uno al azar y se lo inserta en el óvulo.

“Pero no se analizaba ese espermatozoide, se ponía cualquiera y resultó que estos varones con alteraciones severas pueden, a su vez, tener una alteración en el ADN de los espermatozoides llamado fragmentación del ADN espermático, que deviene en dificultades para que el espermatozoide prenda, abortos espontáneos y malformaciones”, explicó Sabatini. Por eso decidieron aplicar una nueva técnica para casos de infertilidad masculina.

Un tratamiento experimental, por primera vez en Mendoza
Para subsanar esta deficiencia, desde hace aproximadamente dos años, se realiza en el mundo un procedimiento experimental que permite hacer una especie de selección de los espermatozoides, llamada separación espermática mediante columnas de anexinas V, que funciona como un filtro para separar los que sirven de los que no y lograr una fecundación exitosa.

En Buenos Aires, este proceso está a prueba desde hace un año y medio, y sólo en dos centros especializados, y la médica Vanesa Rawe es la pionera. En Mendoza, esta es la primera vez que se lleva adelante el procedimiento y con buenos resultados.

“Nos dijeron que teníamos 30% de probabilidades de éxito por todas las características que presentábamos los dos. Yo tengo 38 años y ambos veníamos con muchos problemas, pero nunca tuvimos miedo porque estábamos decididos a hacer lo que nos pidieran”, agregó Claudia, quien cursa su quinto mes de embarazo.

La futura mamá continuó su relato y dijo: “La fertilización se hizo en diciembre y hubo que esperar. El día que me hice el análisis fue el más largo de mi vida, cerca del mediodía se enteró mi esposo y sentimos una felicidad enorme”.

Publicada en Diario UNO de Mendoza.

22 abril 2010

Los Karamelo Santo aseguraron que el Gobierno no les presta el Auditorio Bustelo para tocar

El ámbito del espectáculo no está nunca exento de escándalos. Esta vez le tocó a la banda mendocina Karamelo Santo, que publicó el martes en su página de Facebook que las autoridades del Auditorio Ángel Bustelo les negaron el alquiler del lugar para realizar un recital. El motivo, según dijo la banda y su productora, sería que desde ese lugar temen que el público que esta banda atrae no cuide las instalaciones.

“Hace unos meses le pedí a nuestro manager que hiciéramos una fecha en Mendoza antes de irnos de gira por Europa, pero le dijeron que no daba que tocáramos nosotros por el público que convocamos”, explicó a diariouno.com.ar Goy Ogalde vocalista de la banda.

La negativa crispó al músico, ya que con tan sólo ojear los diarios se puede comprobar que artistas como Gustavo Cerati, Divididos, Andrés Calamaro y Rata Blanca han pasado o están por pasar por ese escenario en las próximas semanas.

“Me calenté cuando vi que todo el mundo toca ahí y me ofendió mucho esto del público, porque no es que son delincuentes, es el público normal de Mendoza”, agregó Ogalde.

La versión de las autoridades del Bustelo
La directora del auditorio, María Teresa Oldrá, fue consultada por este portal y aseguró que hace unos meses “vino un señor, de nombre Pablo Recabarren, en nombre de Bendita Producciones pidiendo una fecha para el 1 de julio para que toque Karamelo Santo. Eso lo tenemos agendado, pero nunca volvió con la confirmación o trajo el dinero del depósito”.

La funcionaria explicó que para reservar una fecha primero se verifica la disponibilidad, se hace una pre reserva y luego el interesado tiene que presentar una nota por escrito. Durante las 72 horas posteriores a esa presentación se debe abonar el 30% del valor de alquiler. Rentar ese lugar cuesta $8.000 por la jornada completa o $4.000 por medio día.

Por su parte, Santiago Guimelli, de Bendita Producciones, confirmó que Recabarren fue su nexo local para este show, pero que “a él le contestaron que no le daban la sala y pusieron de excusa el público de Karamelo. Cuando él me lo comentó empecé a hacer gestiones yo”.

Es así que se solicitó, otra vez, fecha para la banda mendocina y recibieron un correo que, según dijeron desde la productora, decía: “Lamentablemente no se han liberado fechas y tampoco autorizado espectáculos de las características por ustedes consultados”, firmado por Mariela Tamburini, asistente de agenda del centro de congresos.

Oldrá negó haber rechazado a la banda y aseguró que “les hemos guardado la fecha todo este tiempo, a cualquier otra producción se le hubiera levantado, acá se han hecho Fiestas de la Vendimia Gay y otros eventos así que no tenemos ningún prejuicio con el público”.

Tanto la banda como la productora dijeron a este medio que no se presentarán en esa sala y que están próximos a confirmar una fecha para tocar en el Este de la provincia.

Fuente: Diario UNO
Autor: Selva Florencia Manzur

21 abril 2010

El Teatro Griego vibró por séptima vez con la Vendimia electrónica

La Vendimia Electrónica volvió a tener su noche de la mano de los Dj's internacionales Jason Jollins y Wally Stryk este sábado en el teatro griego Frank Romero Day. El trío porteño Intima cautivó.

Por séptimo año consecutivo la Vendimia Electrónica convocó a unas 3 mil personas que a la luz de la luna gozaron de la presencia de Dj's locales e internacionales. El francés Wally Stryk y el neoyorkino Jason Jollins hicieron vibrar al público.

Los artistas locales Martín Dichiara, Totem Pole, Emma Garbo y LNG fueron los encargados de poner a punto al público desde las 21 hasta pasada la medianoche cuando el trío porteño Íntima tomó el escenario.

Tras una intensa presentación, Carlos Solá, Sebastián Cohn y Salvador Reynoso contaron a diariouno.com.ar que prepararon un show especial por ser su 4° Vendimia Electrónica. “Nos encanta participar de esta fiesta y en Mendoza el público es muy bueno”, aseguraron.

Cerca de las 2 llegó el turno de Wally Srtyk, el joven francés de 21 años que recorre Latinoamérica desde hace 8 meses y que hizo vibrar a los fanáticos de la música electrónica durante una hora y media. Fue notable la aceptación del público a los ritmos del europeo.

Pasadas las 3 fue el momento más esperado con el inicio del set de Jason Jollins - unos de los 12 residentes del boliche Pacha Nueva York - y la joyita que la organización tenía preparada para la noche. El norteamericano ha tocado en diversas partes del país, pero recién ahora hizo su debut en tierra mendocina.

Previo al toque, Jollins dialogó con este portal y dijo que su método “es hacer que la música vaya creciendo para ir entusiasmando al público hasta llegar al punto máximo”. El artista cerró la noche con su progressive house y mix de música tecno y fue ovacionado por los presentes.

El evento contó con un público de lo más heterogéneo y, si bien los jóvenes dominaron la pista, no faltaron parejas innovadoras que se animaron a saltar y disfrutar de la electrónica en medio de los cerros, en un evento que ya se ha transformado en un clásico del calendario vendimial.

Fuente: Diario UNO

10 agosto 2008

Entrevista a Fernando Sepúlveda, un pintor que vive en la búqueda...

El pintor y dibujante chileno vive y expone sus obras en la provincia desde hace más de tres décadas. Asegura que el contacto con referentes locales de distintas generaciones nutrió y mejoró su visión del arte. Acaba de exponer en el ECA, dentro de poco estará en el MMAMM y adelantó que en 2009 expondrá, por primera vez, en su país natal.

Fernando Sepúlveda es un artista plástico nacido en Chile, pero mendocino por adopción, que desde hace más de treinta años plasma sensaciones y motivaciones de las formas más variadas. En una primera etapa lo hizo sumergiéndose en una visión muy propia del ser humano para luego representar lo abstracto de forma viva y llamativa.

En su país natal pasó por la Escuela de Bellas Artes de Viña del Mar y en Mendoza se consolidó de la mano del maestro Eduardo Tejón, con quien aprendió nuevas formas de ver y de moldear la realidad que se crea sobre el papel o la tela.

En su prolífera carrera de dibujante y pintor ha realizado más de 50 exposiciones colectivas y trece individuales, consiguiendo en más de una ocasión trascender las fronteras de la provincia y exponer sus obras en Buenos Aires, San Juan, La Pampa y San Luis.

Las distinciones tampoco se han hecho esperar dado que en 1993 recibió la Primera Mención del Salón Vendimia en pintura, un año más tarde la Primera Mención en pintura del Salón de Ciencias Económicas y en 2002 la Primera Mención en dibujo del Salón Vendimia. Casi a la par de todos sus logros en el ámbito artístico tiene una exitosa carrera como diseñador gráfico que ahora ejerce en la productora local Plan V.
Si bien sus capacidades son notables tanto en dibujo como en pintura, Sepúlveda se reconoce como un pintor profundo y siempre en la búsqueda, ese camino que todos los artistas transitan, pero que él admite lo ha llevado a estar, como nunca, satisfecho frente a sus logros.

Su última muestra, que tuvo lugar en julio en el Espacio Contemporáneo de Arte, lo encontró canalizando las formas más intransigentes de caos –el suyo propio y el del resto del mundo- con colores y provocaciones estimulantes para los sentidos.

En diálogo con +Cultura, Sepúlveda habla sobre la evolución de su arte, las nuevas formas de expresión inducidas por la tecnología y de la muestra que realizará antes de fin de año en el Museo Municipal de Arte Moderno de Mendoza. Además, adelantó que para 2009 planea lo que será su primera exposición en Chile y una muestra en la Bodega Zuccardi.
Caos IV (monocopia sobre tela, 2006

- ¿Cómo y cuándo empezaste a pintar?
- Fue bastante azaroso, pero creo que hubo algo vocacional, casi como lo hace cualquier niño. En la secundaria siempre estaba dibujando y no era lo que se dice un buen alumno. En el curso al que yo iba también había un chico que dibujaba y que luego se hizo pintor, pero en Holanda, Fernando Langue se llama. Él fue a rendir a la Escuela de Bellas Artes de Viña del Mar como para darle un marco más institucional a eso que nos gustaba. Cuando rindió bien me instó a que fuera, yo dudaba porque pensaba que para rendir había que saber dibujar muy bien y yo no creía que pudiera, pero me convenció. Me pasó unas hojas, un lápiz y fui. Llegué al Palacio de Bellas Artes, que se me presentó como un mundo organizado y serio, y quedé fascinado.

- Fue entonces que tuviste que irte de Chile…
- Sí, fue bastante sorpresivo y violento el cambio porque mi padre había sido fundador de un gremio y mi hermana y yo militábamos políticamente. Éramos partidarios del gobierno de Salvador Allende y cuando sobrevino el golpe yo incluso estuve detenido y al reencontrarnos toda la familia decidimos que teníamos que irnos porque corríamos peligro y lo más cerca que teníamos era Mendoza.

- Una vez aquí, experimentaste una suerte de reencuentro con la pintura...
- Sí, pasaron varios años hasta que volví tranquilo a encontrarme con esa inquietud, con la idea de continuar en el tema de la plástica y preguntando por ahí llegué al taller de Eduardo Tejón. Allí volví a empezar, asistí tres años y a partir de eso me fui encontrando con otra gente que pintaba, algo que me ayudó a afianzarme en ese ámbito y en lo que hacía. Tuve una etapa que quedó, por decir de algún modo, rota en Chile y en Mendoza me reencontré con la pintura y no la dejé más.

- ¿Qué enseñanzas son las que más recordás de esos años como alumno de Eduardo Tejón?
- Bueno, yo quería pintar como él. Al principio a mí me costaba muchísimo entender cómo él quería que yo mirara las cosas, cómo hacer una pintura, un dibujo o sobre cómo observarla. Al comienzo me parecía raro lo que me decía, pero ahora, habiendo transcurrido veinte años entiendo que él tenía una idea muy especial de cómo concebir el arte. Lo recuerdo como algo muy interesante, creo que tuve la suerte de caer ahí y adquirir una mirada sobre el quehacer plástico, encontrar precisamente lo que yo estaba buscando. Siempre me insistía en afianzar los rudimentos técnicos, pero siempre en una actitud de exploración de las cosas, buscándole la vuelta. Y eso a mí siempre me ha gustado. Hay pintores que son más concretos, cuyo arte depende de cómo ven la vida o las cosas. Creo que pertenezco a los pintores que siempre estamos buscando algo, digamos, casi que mi arte es siempre una búsqueda. Soy de los que pareciera que no consolidan nada de forma inmediata, pero cuando ves el trabajo completo te das cuenta de que sí, pero que es algo más aleatorio. Es como un proceso más largo en el tiempo, pero también efectivo. Creo que se debe a que mi personalidad es así en la plástica y en la vida real también y en el taller del Eduardo yo encontré eso, el cómo poder canalizar ese tipo de miradas.

- A medida que fuiste contactándote con otros artistas de la época, ¿cómo se vio afectada tu obra?
- Creo que se sintió más cuando me fui a vivir a un taller que se llamaba La Escalera donde estaban, entre otros, Bernardo Rodríguez, Ricardo Costa y Susana Dragotta. De alguna manera, en ese momento, aprendí a ejercer el oficio de la plástica mirándolos a ellos, si bien el taller me había servido bastante no era todo. Ese grupo de gente había alquilado un hotel y estaban viviendo todos juntos, luego también me mudé yo, y me sirvió porque todos tenían formas de trabajo plástico muy distintas y eso me permitió ver muchas alternativas de trabajo. Luego, con el paso del tiempo he frecuentado distintos grupos, aún aquellos de diferentes generaciones, y he aprendido a mirar lo que no hago y lo que, tal vez, nunca voy a poder hacer.

- A la hora pintar, ¿pensás o te proponés temas específicos?
- En el desarrollo de las muestras o en algunas épocas de trabajo he tenido una dirección, pero creo que siempre se me ha impuesto más a mí el tema que lo que yo he salido a buscarlo, temas que, a la larga, había tenido una imperiosa necesidad de trabajar y fueron saliendo. De todas formas siempre hay alguna noción sobre lo que quiero trabajar, aunque, no necesariamente después termine elaborando ese plan.

- Hace poco expusiste junto a Egar Murillo y Juan Castillo en el Espacio Contemporáneo de Arte, ¿cómo surgieron las obras que allí mostraste?
- Esas obras las empecé a trabajar a principio de año y quise, desde el inicio, que estuviera presente la sensación de caos. De algo muy caótico, muchas imágenes disputándose el primer plano con igual importancia. Esa idea surgió por dos cosas fundamentales, una que yo soy muy caótico y también porque en otras muestras de pintura siempre había tratado de sofocar esta impronta y había querido hacer un trabajo técnicamente limpio. Conversando con un amigo músico me dijo que hiciera todo lo contrario. Y, de algún modo, le hice caso y trabajando sobre el defecto es donde logré mejores resultados. Además, creo que el mundo cotidiano y la vida es un caos.
- Es decir que en esta última muestra evolucionaste bastante…
- Sí, es como si me hubiera puesto una antena de muy buena recepción para ver en la realidad lo que es caos y eso sintoniza muy bien conmigo. Esta muestra es una de las que más conforme me ha dejado por estos resultados, creo que la tenía hace como cinco años en la cabeza. Varios de los cuadros que estaban ahí en la muestra me han dejado muy satisfecho porque muestran mi mirada de las cosas, desde mi punto de vista y como soy yo.
- Teniendo esto en cuenta y que hace unos 25 años que exponés en Mendoza, ¿cómo notás que ha ido evolucionando tu obra?
- Hace unos días estuve mirando unos dibujos viejos, de la primera etapa, y noté una evolución en las técnicas y recursos y vi que había un camino recorrido, pero a la vez pensé que era el mismo dibujo. Es decir, como si fuera un largo y grande trabajo que me ha acompañado y que tiene el mismo espíritu, con un mismo hilo conductor. Al menos con respecto a la pintura.

- ¿Te gusta más, la pintura o el dibujo?
- Son dos cosas diferentes, el dibujo no es que sea más fácil pero sólo necesitás un lápiz, un papel y cualquiera puede hacerlo. Pintar, por otro lado, para mí es más serio, será porque yo me hago cargo de todo lo que es la tradición de la pintura, por los materiales y el ambiente donde uno lo hace. En mí caso, la pintura es algo más profundo, más elaborado.

- ¿Te intriga saber que opina el espectador de tus obras?
- Sí, me da una intriga terrible, pero a la vez también sé que es imposible saber qué le pasa cuando la ve. Eso habla de la capacidad que uno tiene para encontrar en su trabajo algo más de lo que uno concibió. Por lo general, la gente ve cosas que yo jamás me hubiese imaginado o prefieren aquellos trabajos que estuve a punto de no incluir. Lo que te hace pensar también en el proceso de selección de las obras y en su importancia.

- ¿Para vos existe la inspiración?
- Bueno, la inspiración te agarra trabajando, cuando uno pasa horas en el taller entra como en trance porque empieza a ver exactamente adónde quiere ir y es más probable que logre mejores resultados que cuando recién empieza. En este aspecto, no sé si se le puede llamar inspiración, sí tal vez concentración.

- ¿Has pensado en incursionar en otros ámbitos del arte?
- Sí, para una muestra próxima que tengo en el Museo Municipal de Arte Moderno de Mendoza estoy pensando seriamente en no presentar pintura sino hacer algo más cercano a la instalación, a la fotografía y a los textos. La idea surgió porque tengo guardados casi todos los mensajes de texto que me han llegado desde que me compré un celular y si uno los lee de corrido pasan a ser como fragmentos de espejos rotos que por sí solos no te pueden dar nada, pero si los juntás te permiten adivinar la vida de la persona a la que le llegan. La idea sería presentar estos textos y fotografías, es decir, cosas que ya van a exceder el mundo de la plástica. Quiero hacer trabajos que soporten la mirada externa y que, si están bien realizados, pueden generar algo en quien los vea, casi tanto como una pintura.

- Lo que mencionás se ha visto en muchos artistas que hoy optan por usar fotografías e incluso tratarlas digitalmente antes de comenzar el proceso artístico. ¿Qué opinión te genera esta tendencia?

- La tecnología está ofreciendo una mirada de la realidad que uno no se imaginaba antes, la cámara digital o el celular no te dicen nada, pero sí es interesante ver qué cosa generan los celulares y los mensajes de texto, por ejemplo. Como el óleo mismo, que solo no te dice nada, las máquinas no te dicen nada. A la hora de presentar un trabajo estoy esperando que tenga vida propia y hable de determinadas cosas por sí mismo, más allá de las técnicas o de los modelos que uno haya tomado. Yo he copiado fotos para ilustrar, pero la foto en sí misma no te da el valor agregado, veo en esa foto lo que me interesa interpretar y lo que tiene peso. Pero sí, es una técnica que se está usando mucho ahora, pero yo prefiero ver primero el trabajo listo y después saber qué técnicas o tecnologías se usaron. Que exista tanta tecnología es como una tentación, tal vez cuando esta sobrexposición pase seguramente van a quedar muy buenos trabajos y va a tener un sentido que hayan surgido.

Autor: Selva Florencia Manzur
Publicado en + Cultura de MDZ

29 junio 2008

Juan Castillo tiene 29 años y ganó el Salón Regional de Artes Visuales Vendimia 2008 por una obra que a simple vista deja claro que como artista, él es diferente. Aunque por momentos extraña, su obra se destaca por el sentimiento y el protagonismo del color.

Como artista, Castillo permite que sus obras surjan y reflejen universos imposibles pero hipnotizantes a la vez haciendo uso del aspecto mágico y atractivo de los colores electrizantes y las imágenes poderosas.

Ya sea a través del realismo o del surrealismo sus creaciones -aunque sobre temáticas extravagantes, como en Híbridos donde hombre y animal se unen para crear algo más que librado a la imaginación- siempre se abren a las múltiples interpretaciones que el espectador quiera darles.

Como buen pintor contemporáneo se muestra curioso por el abanico de posibilidades que brinda hoy el experimentar con la fotografía digital para, luego de captar el momento imaginado, concebir la obra como arte, como creación de Juan Castillo.

Su obra ha sido expuesta en Uruguay y España; ha realizado seis muestras individuales y ha participado en más de treinta colectivas. En diálogo con +Cultura, Castillo relata cómo llega a ser un pintor realista y cuánto tuvo que ver en su elección el estudio del color, al tiempo que anticipa una próxima muestra que

- ¿Desde cuándo te gusta la pintura?
- Desde chico me gusta. En la secundaria me entusiasmé mucho más y le ponían mucho enfoque en la hora de plástica, aunque siempre creí que iba a ser abogado, incluso cursé un año de esa carrera y me di cuenta de que me había pasado todo el año dibujando.

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Pensamiento híbrido . Acrílico sobre tela.
- Elegiste estudiar en la Universidad Nacional de Cuyo, ¿qué es lo que más rescatás de la carrera?
- La carrera está buenísima, lo que está bueno es estudiar Historia del arte, pero rescato principalmente los conocimientos de composición, de dibujo. Me sirvió mucho y aproveché sobre todo el contacto con otros artistas, lo cual ha sido súper importante.

- Sos un pintor realista, ¿cómo llegás a sumergirte en esta corriente?
- Tiene que ver con un proceso. Siempre fui un pintor figurativo y tuve una etapa más surrealista y muy pura a nivel color. Creo que ir investigando el color, ir probando y usar colores cuaternarios y descubrir el color realista, lo cual es fundamental para la técnica, fue lo principal. Pero llegó solo, no me lo planteé como meta, simplemente se empezó a dar, cuando vi que funcionaba me copé con el realismo.

- En tus pinturas es frecuente la aparición de animales y niños…
- Sí, son temas recurrentes. La presencia de los animales se da espontáneamente creo, pero también está ligado a que tienen algo muy puro e infantil de alguna forma y eso me atrae. Pero también tiene mucho que ver que yo saco muchas fotos y pinto a partir de eso, a veces tomo fotos con una idea específica y a veces uso fotos que he sacado en situaciones cotidianas. Y los niños surgen porque tengo muchos sobrinos por lo que son algo común en mi vida.

- ¿Creés que el realismo se ha explorado de forma profunda en Mendoza?
- No, definitivamente no porque tiene mucho que ver con el ahora, creo que está relacionado con superar el tabú de la fotografía. En Mendoza hay una tradición muy fuerte del dibujo muy academicista y el realismo actual está muy ligado a la fotografía, con todo el tema de elaborarla y trabajarla sin el prejuicio de tener que dibujar algo tan perfecto como si fuera Miguel Ángel, algo que ni siquiera él hizo.

- Tus obras se dividen muy marcadamente en dos estilos, en unas hay luz absoluta y en otras una marcada diversidad de sombras. ¿Esto lo decidís antes del inicio de una serie de obras?
- Sï, en realidad depende de qué esté haciendo en ese momento. Ahora por ejemplo, me estoy tomando una licencia y trabajo en obras que no son totalmente realistas o en las que hay un plano puro de color. En este momento, estoy en una etapa muy digital que tiene que ver con el realismo y, en particular, la idea de mezclar el fondo de color dentro de la figura, en el cabello o en una parte del cuerpo.

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La mascota. Acrílico sobre tela.
- Por lo que se ve en tus obras tenés mucha imaginación…
- Bueno, depende porque por ahí la imaginación va en unir parte realistas como un hombre con cabeza de perro, esa serie se llama Híbridos y es algo que me encanta, también estoy trabajando en eso.

- Fuiste el ganador de la sección pintura del Salón Vendimia 2008 con una obra muy particular, La mascota. ¿Cómo la definirías?
- Creo que es una síntesis de varios temas, viene a cerrar un proceso porque reúne la figura del niño, del híbrido y del desnudo. Es un resumen importante de varios temas que he tratado. También me atrajo la idea de animarme a hacer un fondo verde sin horizonte donde las figuras están como en el aire. En realidad, esa pintura estaba destinada a una muestra para el Espacio Contemporáneo de Arte, pero la empecé muy tarde y quedó. Fue una suerte. 


- Fuiste alumno de Alberto Musso, ¿qué enseñanzas o técnicas rescatás de él?
- En realidad hay que tener en cuenta que es difícil la convivencia en un taller de arte, se genera siempre una tensión con los profesores. Creo que él me ayudó a nivel compositivo y conceptual, no tanto sobre cómo pintar una obra sino que me hacía pensarla. No era muy fanático del surrealismo, si bien el me premió en un salón como jurado, él creía que el surrealismo estaba muy hecho ya, de todos modos, yo no me considero un pintor surrealista. Yo por ahí me ponía muy reiterativo con los temas autorreferenciales y él me decía. “Usted pinte Castillo, no piense tanto, pinte, pinte”.

- Dijiste que no te sentís muy surrealista, ¿qué tipo de pintor te considerás?
- No sé… Yo me animo a decir que hay algo de realismo mágico en mi obra, evidentemente aparecen elementos maravillosos, de esa categoría estética, como algo anormal que dentro de la obra vive como algo normal. Creo que tiene que ver con un realismo mágico, más que con el surrealismo que tiene más que ver con lo onírico que no es mucho lo mío. Paralelamente, me interesa mucho lo digital, donde hay todo un proceso digital previo a empezar la obra y eso me gusta.

- ¿Tienen un mensaje tus pinturas?
- Sí, siempre tienen un mensaje las pinturas, malos o buenos, aburridos o interesantes siempre tienen. Lo que yo busco es que al espectador le genere algo, no necesariamente una idea concreta, pero que a partir de la obra la persona pueda hacer una devolución o preguntarse algo.

- ¿Creés que la pintura siempre tiene que tener un fin de belleza?
- No, no necesariamente tiene que ser bello, puede ser muy bello, pero no necesariamente, se puede hacer arte con objetos cotidianos, que sean poco atractivos.

- Pertenecés a la misma generación de Lucía Coria, Andrián Mazzieri, Osvaldo Chiavazza y Carlos Escoriza, entre otros. ¿Creés que hay algo en común que une el arte de todos?
- Creo que somos todos muy distintos, venimos de formaciones distintas, como ser la Universidad Nacional de Cuyo o la Escuela de Bellas Artes. Muchos están más tirados a lo gráfico, al dibujo y otros muchos más a lo conceptual. No sé si hay un punto en común a todos, creo que sí compartimos una nueva visión sobre la obra en sí. El artista acá en Mendoza se percató de que su obra vale y de que se puede vender, de alguna forma la conciencia del mercado se ha vuelto más real.

- Entonces, ¿creés que el mercado de arte en Mendoza está creciendo?
- Como te digo, lo que cambió es la mente del artista. Ahora decimos “mi obra es algo que se puede comercializar, puedo vivir de esto”. Tal vez, en las generaciones anteriores se veía mal pensar la obra como un producto a la venta, esto no tiene porque hacerlo algo comercial.

- El pasado fin de semana participaste de “Trasnoche sin cortes”, que organizó el Cultural Victoria. ¿Cómo viviste la experiencia?
- Buenísimo, estuvo muy bueno. Se da una cuestión muy interesante entre los pintores, está bueno que el artista se anime a que lo vean pintar. La situación es muy divertida y lo disfrutamos mucho, además hicimos una intervención pintando una garita con esténcil y estuvo bueno porque fue bien colectivo, cada uno llevó su esténcil y quedó muy bien, muy variada.

- Tenés un marchand, Daniel Rueda. ¿En qué influyó su participación para la difusión de tus trabajos?
- Principalmente en la conciencia de pensar la obra como algo que la gente consume, además él se interesó en mi obra y la expuso. Por parte de él vino también la invitación a eventos donde hay gente importante, de trayectoria, y eso me sirvió mucho.

- ¿Cómo llegás a exponer afuera?
- Principalmente por el contacto con Rueda porque pude exponer en España por un contacto que él tenía y después me relacionó con una galería con la que él trabajó en Punta del Este y con la que yo sigo en relación. Y después también tuvo que ver con conectarme con gente y así poder mandar obras a salones, hacer una muestra en Buenos Aires, hay que estar conectado con el medio.


Autor: Selva Florencia Manzur
Publicado en +Cultura